Todos nos proponemos una lista grande de objetivos que se desinflan después del impulso inicial.

Para sostener las ganas de cambiar, la escritura es una pieza clave. Mirá por qué.

Paso #1 – Escribí lo que querés

Sería genial que para cumplir los deseos sólo fuera necesario frotar una lámpara, ¿no?

Tal vez sea menos romántico, pero cumplir las metas se parece mucho más a entrenar para una maratón que a una fuerza mental.

Así que, además que conectarte con lo que querés, tomá un cuaderno y empezá a escribir.

Por qué escribir tus metas:

Es similar a cuando programas el GPS para llegar a un lugar nuevo: ¿qué ruta es la que te lleva mejor o más rápido o con menos tráfico?

El primer paso es armar la cartografía de ese camino que, como no está escrito, lo tenés que diseñar vos.

  1. Cuando escribís pensás: poner palabras a ideas sueltas te ayuda a elaborarlas.
  2. Cuando escribís te enfocás sólo en eso: cuando a la cabeza le das algo para hacer (escribir) no se distrae con otras cosas.
  3. Cuando escribís te ordennás: la escritura es estructura, por eso al escribir tus metas las estás organizando sin darte cuenta.
  4. Cuando escribís te conectás con vos: escribir es un acto íntimo y solitario y por eso tu interior fluye con más libertad.

Paso #2 – Escribí en papel

Esto es fundamental. Más adelante veremos que el celular juega un rol clave, pero no en esta instancia en que estás armando una estrategia para cumplir tus metas.

En este paso, tener tu diseño anual de lo que querés separado de lo que usás todos los días te evita distracciones.

Una aclaración: que escribas tus objetivos no quiere decir que no puedas modificar el rumbo (¡todo puede cambiar!), es un plan que te ayuda a visualizar y guiar tus pasos.

Sé que suena esquemático, pero improvisar cada paso sin saber si te lleva a tu meta no es espontaneidad, es desorientación.

Paso #3 – Dividí tus metas

Diseccionar las metas grandes en acciones y tareas convierte los sueños en acciones posibles.

¿Querés largar todo y ponerte un bar en la playa? El impulso te ayuda a dar el paso fundamental, pero después hay que sostenerlo para no volver a lo conocido con una tonelada de frustración.

No saber lo que tenés que hacer es lo que te lleva a la inmovilidad después del impulso inicial. Por eso, dividir los objetivos en acciones y tareas te permite:

  • Dimensionar la cantidad de acciones que tenés que realizar

Por ejemplo, si quiero ponerme un bar en la playa necesitaré: dinero, una valija, un traje de baño, un pasaje.

  • Entender el tiempo que te puede llevar realizar tu sueño

Si necesito dinero para el bar en la playa voy a tener que ahorrarlo. O si quiero cambiar de trabajo voy a estar unos meses hasta conseguirlo.

  • Saber lo que tenés que hacer

Por ejemplo, si mi objetivo es correr 42 kilómetros, tengo que correr todos los días aunque no tenga ganas.

La hoja de ruta te sirve para hacer sin pensar –¡ya lo pensaste antes!- y apoyarte cuando fallan las ganas.

Paso #4 – Ejecutá tu estrategia

Ya diseñaste tu estrategia para este año (los propósitos). Ya trazaste un camino para llegar del punto A al B (división de las metas). Ahora toca armarte de herramientas para poder llevar a cabo las acciones que te ayudan a concretarlas.

Acá las variantes y herramientas son infinitas, pero la idea es siempre la misma: de más grande a más chico. ¿Qué implica esto?

  • Un calendario donde visualizás un resumen mensual y marcás los puntos de concreción

Un punto de concreción o un hito es una fecha que te acerca un poco más a la meta final: el día en que te vas a poner el bar en la playa, el día en que vas a comprar la valija, tu fiesta de despedida, etc.

Algunos lo imprimen y lo dejan a la vista. Otros lo tienen digital.

Esto sirve mucho para hacer la ingeniería reversa. ¿Me voy en tres meses? Entonces marco cuándo debería hacer la valija. Pero si aún no la tengo, entonces qué día tengo descuento con mi tarjeta para ir a comprarla y así. Cada uno de estos ítems son un hito o punto de concreción.

  • Una lista de tareas diaria

Esto es fundamental. Si tengo siete semanas para alcanzar mi meta, cada día tengo que concretar una serie de pasos para llegar a cada punto de concreción.

El calendario mensual es fijo, las tareas cotidianas son cambiantes porque surgen imprevistos todo el tiempo. Pero si tengo mis fechas de concreción claras, entonces voy a poder jerarquizar para saber qué priorizar en la vorágine diaria.

  • Alarmas en el celular

Ahora sí entra en escena el celular. La lista de tareas cotidiana te ayuda a sortear imprevistos, las alarmas te ayudan a no olvidarte de nada.

Aunque tengas muy buena memoria, cuando hay tantas tareas para hacer, es imposible recordarlas todas. Y además, ¿para qué querés ocupar tu cabeza con, por ejemplo, una fecha de pago?

Liberás la cabeza de esos detalles y la dejás lista para soñar con tu meta.

Paso #5 – Registrá cada logro

Cada tarea aislada puede ser insignificante, pero cuando ves el conjunto te das cuenta de todo el esfuerzo que hiciste.

Por ejemplo, tomá nota de todos los emails que enviaste y a cuántas entrevistas fuiste si tu objetivo es cambiar de trabajo.

Sino, parece que todas tus tareas son rutinarias y, como tales, no tienen suficiente valor. Y si no tienen valor ¿no es más difícil comprometerte a hacerlas?

Cuando las registrás, acumulás y visualizás te das cuenta que, aunque todavía no hayas logrado tu meta, todo este tiempo lo hiciste valer.

Las metas grandes toman mucho tiempo, saber que estás más lejos que la línea de inicio te va a ayudar a no dejar tu sueño aunque aún no lo hayas conseguido.

¡Listo!

La fuerza de los deseos es el motor de tus sueños. Pero todos los motores necesitan nafta y escribir tus metas, dividirlas, accionarlas, sostenerlas es lo que va a hacer durar tu impulso, lo que va a alimentar tus ganas y evitar que gires en redondo, gastes el tanque y permanezcas en el mismo lugar.

Espero que estos consejos te hayan servido. La escritura es tu aliada en esto.

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