Tenemos poco espacio y tiempo para transmitir un buen mensaje, por eso necesitamos textos fáciles de leer, bien organizados y despojados de excesos.

Para comunicarnos mejor necesitamos que primero nos presten atención. ¿Cómo lograrlo? Hay muchas formas, pero ninguna tan efectiva como un contenido bien escrito y enfocado en las necesidades de tus lectores.

Acá te dejo cinco recomendaciones para crear mensajes claros, concisos y ordenados que facilitarán tu comunicación.

1. Clasificá tus ideas

En mensajes complejos es común que se confunda el foco, por eso es importante clasificar los mensajes según tu audiencia: ¿tus lectores deben saber los detalles, idas y vueltas y diversidad de opiniones acerca de un nuevo sistema de facturación?

Puede ser.
O tal vez no.

Lo importante es tenerlo claro antes de componer tu mensaje y darle foco a las ideas principales para no mezclarlas dentro de un mismo espacio.

2. Ordená de más importante a menos importante

¿Qué es lo que comunicarías si sólo tuvieras diez palabras para usar?
La respuesta a esa pregunta te va a permitir identificar el orden en el que tenés que organizar tus ideas: siempre lo más importante al principio.

3. Desechá lo que no sirva

En la escritura hay una máxima inquebrantable: menos es más.

Pero, ojo, menos no es expresar menos, sino buscar la forma más sintética de expresar una idea.
Las palabras de más no agregan valor y embarran tu mensaje principal. Desechalas y priorizá lo importante.

4. Lográ mensajes cristalinos

La abstracción es enemiga de la comprensión rápida. ¿Cómo se traduce eso en la redacción?

Por ejemplo, al usar sustantivos abstractos en lugar de verbos de acción (en el ejemploproceso de toma de decisión vs. decidir).

 

Este reporte fue hecho para ayudarte en el proceso de toma de decisión // (Más extenso, más abstracto, menos comprensible)

vs.

Hicimos este informe para ayudarte a decidir  // (Más conciso y directo)

5. Does it spark joy?

El concepto de Marie Kondo «spark joy» tiene que ver con las sensaciones de alegría o no que se nos generan al evaluar algunos objetos.

Si lo extrapolamos a la redacción, esto puede ser una buena brújula para saber si un mensaje está listo para ser enviado o no.

Está claro que un texto acerca de un despliegue de un sistema operativo no va a «spark joy», pero la prueba sería: ¿hay algo que no suena del todo?

Si no te suena, si no tenés la tranquilidad de que se el mensaje se va a comprender correctamente, entonces del otro lado no se va a entender tampoco.

¿Qué hacer en estos casos? Desmenuzalo hasta encontrar dónde está el problema para corregirlo antes de que no haya opción de arreglarlo.

 

Necesitamos de la redacción profesional para comunicarnos con otros cotidianamente y, muchas veces, la incomunicación se convierte en una importante fuente de estrés y conflictos profesionales. Con ajustes muy simples y una técnica sencilla es posible convertir la redacción en una herramienta útil para facilitar el ida y vuelta.

Mejorá tu redacción profesional